15 de septiembre de 2006 Efectos secundarios sobre las crisis existenciales.
por Perla Schwartz.
Llegar a los 30 años no es una tarea fácil. Implica generalmente toda una crisis de identidad, una revalorización del pasado y un enfrentamiento con el futuro de la vida, así como una toma de conciencia en cuánto a plantearse nuevos objetivos en la vida. Cumplir 30 años y vivir en México tiene sus bemoles. Al menos así lo da a entender la directora y guionista Issa López (egresada del CUEC) en su ópera prima Efectos secundarios, que cuenta con el plus de ser la primer producción mexicana apoyada por Warner Bross. Una película que hubiera podido ser inteligente y cuestionadora cae en un facilismo que la torna fallida, llena de lugares comunes, excepto por algunos de sus fragmentos que están bien manejados a nivel dramático.
La historia se centra en las vidas de un cuarteto de amigos, que fueron compañeros en la escuela preparatoria, ellos son Marina (Marina de Tavira), una escultora que moldea arcilla y crea figuras que le permiten escapar momentáneamente de su abrumadora soledad y de su amor no correspondido por Ignacio. Éste interpretado por Pedro Izquierdo es un hombre un tanto autista, físico de profesión, quien cancela su vida ,tras el infausto accidente que da muerte a su novia de adolescencia se torna en un “enclenque emocional”. También la película da cuenta de Mimí (una estupenda Alejandra Gollás), una chica con una baja autoestima, que en su necesidad de ser una actriz afamada, acepta roles vergonzosos como el de la abeja regordeta que participa en una serie televisiva infantil. Ella que es dominada por una madre muy manipuladora, caracterizada por Julieta Egurrola.
Y finalmente, Adán (Arturo Barba), un ex drogadicto quien se ha rehabilitado, que aspira a lo grande y que se ha vuelto un temible Casanova, que encuentra solaz entre los brazos de la Chule (con una deficiente interpretación de Patricia Llaca). Los cuatro amigos se reencuentran en una reunión de ex alumnos de la preparatoria, 12 años después de que dejaron la escuela, los cuatro están desubicados y un tanto decepcionados de la vida, los cuatro han sufrido y desean hallar alternativas de cambio para sus rutinarias vidas. Se pudiera decir que casi están al borde de un ataque de nervios, Marina se auto boicotea, Mimí no supera el ser hija de mamá, Ignacio prefiere callar y estar al margen de lo que sucede en su entorno y en tanto, Adán circula entre los excesos, para dotarse de adrenalina.
Los cuatro también tienen en común que buscan desesperadamente el amor, y aquí está una de las caídas de Efectos secundarios, el desembocar en una comedia romántica digna de la pluma de Danielle Steele, como que la directora y guionista no optó por tocar fondo en la problemática de sus personajes, prefirió la superficialidad, no se atreve a contestar con firmeza de ¿Quién es la culpa que su cuarteto protagónico se encuentren cercanos de terminar en el hoyo? Es entonces que la historia se convierte en toda una maraña de sentimientos incomprensibles, sus personajes viven situaciones un tanto descabelladas y por ello mismo inexplicables y se recurre al humorismo acre, antes de sustentar la historia en la órbita de una tensión dramática. Tal vez de lo mejor es el tema musical de la película “Si tú no vuelves” de Miguel Bosé, interpretado por Amaral y Chetes.
En suma, la película de Issa López se queda en un mero intento de bosquejar las crisis y vicisitudes de un grupo de treintañeros, narrada desde la superficie, en vez de haber elegido la profundidad. Tanta pretensión termina por desvanecer el meollo dramático.
FICHA: Efectos secundarios. México 2006. Duración 111 minutos. Dirección y guión de Issa López. Fotografía de Carlos Aguilera. Música de Jermaines Stegall. Intérpretes: Marina de Tavira, Alejandra Gollás, Arturo Barba , Pedro Izquierdo, Julieta Egurrola, Patricia Llaca y Regina Orozco.