Cineteca Nacional
1 de octubre de 2006
Martha Mijares, la eterna figura juvenil del cine mexicano.
por Mauricio Peña.
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En la actualidad solamente la televisión puede convertir de la noche a la mañana a cualquier principiante en una figura de atracción masiva, claro está que en muchos casos también están condenadas a desaparecer tan rápido como salen del aire los vehículos en los cuales quieren proyectarse ante el público. Del cine mexicano del pasado podemos citar esa misma práctica sólo que cuando eso ocurría las figuras podían permanecer mucho más tiempo, incluso años en la pantalla como fue el caso de Martha Mijares, una actriz joven que ingresó al cine mexicano recién egresada de la escuela de teatro de Bellas Artes y fue descubierta por los productores más influyentes en la década del 50 en el siglo pasado para forjarle una carrera que se compone de veinticuatro películas y de las que hay que destacar cuatro títulos que no dudamos que son familiares para el espectador de cine en televisión, “Maldita ciudad”, “Con quien andan nuestras hijas”, “El caso de una adolescente” y “Quinceañera”.

En un periodo de seis años, que comienza en 1953, Martha Mijares conquistó con su amable presencia y su eficaz desempeño histriónico a los espectadores que hacían permanecer cada nuevo título de su filmografía, semanas y semanas en las salas más importantes del centro histórico de la capital mexicana que era el paseo acostumbrado de las familias y que culminaba con una visita a salas llenas de magia como el Alameda, el Olimpia, el Mariscala y el Roble en el Paseo de la Reforma. En esas pantallas brilló de manera deslumbrante esta actriz que nos parecía tan cercana y familiar como una novia o una hermana, gracias a esas historias que protagonizó y que todavía siguen vigentes porque reflejan en mucho la emotividad y afecto de la mujer mexicana de su época.

En forma tímida, Martha Mijares se asomó al cine en una producción de Gregorio Walerstein, “Si volvieras a mí”, al lado de Libertad Lamarque, Silvia Pinal y Miguel Torruco. En lista de créditos Martha no tenía ningún personaje específico pero le hacía marco a los actores mencionados. Walerstein, llamado “zar del cine mexicano”, quien fue descubridor de la joven actriz, la orientó para hacer una carrera muy importante que serviría de modelo para otras que buscaban el triunfo en el cine mexicano. Firmada por contrato con el productor, este permitió algunas veces que otros colegas suyos, productores también de gran intuición sobre gustos populares que la aprovecharan en cintas de aventuras o comedias para reforzar sus elencos de charros, cómicos y hasta luchadores.

La siguiente película donde tenía igualmente una aparición breve Martha Mijares fue “Cuando me vaya”, biografía muy incompleta de la compositora Maria Greever, con Libertad Lamarque y Miguel Torruco. Fue hasta 1954, cuando empezaron a llegar buenas películas para la Mijares. El gran director Ismael Rodríguez le dio el papel protagónico juvenil de “Maldita ciudad”, en la que tuvo oportunidad de alternar con Fernando Soler, Anita Blanch y Carlos Orellana. El propio Orellana había colaborado con Rodríguez para contar una historia muy impactante de lo que sucede a un médico de provincia cuando llega a vivir en la Ciudad de México y pierde a su hija por su irresponsabilidad profesional. Tal vez el resto del elenco se vea demasiado melodramático en sus actuaciones, pero el desempeño en pantalla de Martha Mijares, nos sigue pareciendo el de una actriz de gran modernidad, o sea que su trabajo es tan actual como lo fue hace más de cincuenta años. Le valió una nominación al Ariel como “mejor actriz juvenil”, pero la derrotó Maricruz Olivier quien seguramente tenía más simpatías con los académicos por su actuación en “Orquídeas para mi esposa”.

Después de ese arranque de gran fuerza, Martha fue llamada por el productor Roberto Rodríguez para hacer tres cintas de aventuras que tienen la única virtud de haber sido realizadas por un gran artesano del cine nacional, el michoacano Fernando Méndez. Las cintas, “Vaya tipos”, “Tres bribones”, con Joaquín Cordero, José Elías Moreno y Dagoberto Rodríguez; la tercera “Los tres Villalobos”, repitió con Con Joaquín Cordero y otro actor juvenil de buen recuerdo, Freddy Fernández “El Pichi”. Del primero de esos títulos recordamos la caracterización de gran encanto de Martha, quien por razones de la trama se tenía que disfrazar de muchachito y lucía un pelo corto, muy a lo “garzón” francés.

En 1955, ya no había duda que Martha Mijares era una actriz que el público quería ver de nuevo en pantalla. Fue en el excelente melodrama, “Con quien andan nuestras hijas”, donde obtuvo el segundo crédito estelar, luego de Silvia Derbez y antes que Luz María Aguilar. Las tres ofrecían lo mejor de su joven experiencia en el género para hacer un gran éxito de esta cinta que produjo y dirigió Emilio Goméz Muriel, quien fue el cineasta que le dio este gran triunfo a la Mijares y también otro en 1957, “El caso de una adolescente”, con Lucy Gallardo, Carlos López Moctezuma y el galán Raul Farell. Cuando vemos ahora la primera de estas películas en la televisión, nos sorprende que se exhiba una copia en blanco y negro, pero nos explican que se debe a que la fotografía original era en el sistema Eastman Color, que necesita una restauración a fondo para encontrar sus tonalidades originales. “Impaciencia del corazón”, un melodrama muy fallido de 1958, fue trasmitido hace poco en el canal De Película en la televisión de paga y pudimos apreciar la calidad de la fotografía de Gabriel Figueroa, gracias a la labor de restauración que se hizo con el negativo original.

“Con quien andan nuestras hijas” fue una película que le dio mucho dinero a Gómez Muriel y su Producciones Corsa, que después cayó en bancarrota con otra cinta que hicieron posteriormente “La estrella vacía”, nada más por lo que les cobró Maria Félix por rentarles el vestuario de sus trajes de modistos franceses, bueno pero esa es otra historia. La cinta de Martha Mijares permaneció nueve semanas en el cine Alameda, todo un suceso en una ciudad que apenas tenía un millón de habitantes en 1955. La interpretación de una muchacha que se rebela contra su familia y se enamora de un “cinturita” personificado por el actor cubano César del Campo, es también un trabajo que nos parece todavía digno de aplauso, como sin duda lo es el que hizo en 1958, en “Quinceañera”, en la que junto con Maricruz Olivier y Tere Velásquez, integró un trío de jovencitas a punto de celebrar su “entrada en sociedad” en sus respectivas medios. Cada una de ellas triunfa en esta cinta de Alfredo B. Crevenna, que debe su éxito artístico en gran parte al magnífico guión de Edmundo Báez, maestro jalisciense del melodrama del cine nacional.



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