12 de enero de 2009 “Milk, un hombre, una revolución”, de Gus Van Sant es el máximo triunfo en la carrera de Sean Penn, ¡y Diego Luna!
por Mauricio Peña.
Desde sus inicios con “Mala noche”, el director Gus Van Sant se ha propuesto y lo ha conseguido, ser el más polémico, controversial, interesante, propositivo, con sus temas que exploran muchas veces la sensibilidad gay, como ningún otro realizador en el cine norteamericano.
“Milk, un hombre, una revolución”, es su más reciente creación y aun cuando no figure mucho en la lista interminable de premios que se han otorgado entre finales del año pasado y comienzos del presente, la crítica ha sido unánime para señalar que es una de sus obras que está a la altura de la mencionada arriba, de “Mi camino de sueños” (My Own Private Idaho), y “Elefante”, porque además ha perfeccionado esa cualidad suya tan evidente a lo largo de su filmografía, que consiste en saber con exactitud el tipo de actores que van de acuerdo a sus historias y sobre todo saber aprovechar de ellos hasta sus limitaciones, sin detenerse a pensar lo que puedan decir del asunto, crítica o público, porque en ese sentido Van Sant es uno de los cineastas más sinceros y objetivos para analizar el medio ambiente que afecta o sublima a todos sus personajes.
Ha creado un estilo muy original para esa corriente cinematográfica en la que se mezcla el drama y el documental, el docudrama pues, para ubicar con objetividad el trasfondo donde tienen lugar sus historias. “Milk, un hombre y una revolución”, que ha sido designada para inaugurar el Festival Internacional de Cine de la Ciudad de México (FICCO), el próximo mes de febrero cuando ya se haya descubierto la verdad del triunfo de la cinta y sus actores, principalmente Sean Penn en el rol titular, James Franco en co actuación, y el mexicano Diego Luna, en la ceremonia de los Oscares de Hollywood.
Es una película que merecería encontrar un gran público, porque se refiere a un personaje emblemático del movimiento gay en Estados Unidos, Harvey Milk, quien de la vida disipada en la década del 80 en la Ciudad de San Francisco, California, se convirtió en uno de los activistas más entregados a la causa de la integración de su gremio de alternantes sexuales, en la localidad que se conoce como la “gay friendly” por excelencia en toda la Unión Americana.
El filme de Van Sant va dando una reseña de la vida de Harvey Milk a partir de un monólogo suyo en el que confiesa a una grabadora que como personaje trágico de la ópera italiana, espera cumplir muy pronto con su destino trágico. Luego la cinta va hacia el pasado, 1970, en Nueva York, cuando conoce a su primera pareja importante, interpretado por James Franco, con el cual festeja 40 años y luego viajarán juntos a San Francisco que estaba ya en la conversión total como la cuna del movimiento gay.
Muchos excesos sexuales conforman la primera etapa de la unión de los dos personajes, hasta que de manera espontánea comienzan a cobrar una conciencia sobre la discriminación de la que han sido objeto en la sociedad norteamericana y empiezan a formar parte de un grupo de los que se formaban en los bares y restaurantes de la calle Castro, convertida en una especie de cuartel general. Milk instala una tienda de fotografía y así empiezan a desfilar otros personajes que lo van a acompañar hasta el momento en que consigue ocupar un lugar en la política de California, como consejero del liberal alcalde de San Francisco, Dan Moscone.
La película de Van Sant nos muestra la forma en que todos esos hombres de sexualidad diferente, se van transformando en activistas en una lucha para reivindicare como seres humanos, contra la discriminación que afecta a todo los integrantes del movimiento LGBT (Lesbianas, gays, bisexuales y transexuales), en esa etapa final de la década del 80.
Al final, Harvey Milk llegará a ser en ese movimiento un mártir sin duda, cuando es asesinado por un rival político que también asesinó al alcalde Moscone, para terminar así una etapa histórica muy importante y cumplir con ese presentimiento que le hacía decir que nunca llegaría a cumplir 50 años. Así como Sean Penn alcanza una cumbre en su carrera de actor, también le tenemos que reconocer a Diego Luna que algo le toca de este triunfo, porque su interpretación extraordinaria del personaje trágico de Jack Lira, otra de las parejas sexuales de Harvey Milk, lo reafirma como un actor excepcional.