14 de abril de 2009 “Marido por accidente”, una comedia simple con ingredientes de ironía.
por Leopoldo Villarello Cervantes.
Comedia simple con ingredientes de ironía hacia la autoayuda y de paso la ineficacia y suficiencia de quienes desde el radio, la televisión u otro medio se ponen a impartir consejos espirituales, románticos, sin conocer a las personas.
Argumento de prontuarios, del nacimiento del cariño y amor a partir del odio y enojo. Comentario de chanchullos facilitados por Internet, donde nuestra identidad, estado civil o situación fiscal pueden ser birladas por un “hacker”, inocuo en este caso.
Variante de filme neoyorquino, ligero, dirigido por Griffin Dunne, “Marido por accidente” (The accidental husband, 2008), se arropa con la personificación de Jeffrey Dean Morgan, como Patrick Sullivan, bombero enfadado y deseoso por desquitarse de la Dra. Ema Lloyd (Una Thurman), en secuencias adyacentes a las “screwball comedies” de donde proviene el enredo, en ambas con el apoyo insospechado de Isabella Rossellini, de Frau alemana.
Una en la pastelería y la segunda en la fiesta, donde los dobleces de nombres y personas suministran equívocos a punto del regocijo, y lo “campechano” de Patrick hace eco en el empresario germano, esposo de la Rosellini, al hablar de futbol, del Bayern Munich, de los jugadores.
A Colin Firth le ajusta su Richard Bratton, cuadrado al colmo al escoger el color de las paredes, y diferenciar los blancos. Opuesto en lo metódico y aprisionado a su trabajo, a la simpleza y autonomía de Patrick.
“Marido por accidente” pone la celebridad de Emma Lloyd en los anuncios en los camiones. Registra a los tiburones editoriales, europeos para el caso, que compran compañías pequeñas, a las que estos libros de autoayuda y consejos son su salvavidas.
Los temas y personajes secundarios le aportan vivacidad a los desencuentros doctora-bombero que sabemos cómo terminarán (y a la cual se agrega una coda de nueve meses). El mejor, Wilder, el papa de Emma, caracterizado por Sam Shepard, a primera vista un viejo rabo verde, y su resolución al lado de Brooke Adams (y el agradecimiento a Griffin Dunne por reflotarla en este breve papel).
Pero más en sintonía, es la familia hindú con quienes habita Patrick, y la fiesta donde sus esfuerzos se coronan. El recibimiento a Emma, o la entrada de ella mojada, y el despertar tras la borrachera con cerveza, retando a los irlandeses, con su retahíla de los presidentes de Estados Unidos para solventarla.
“Marido por accidente” suena a recurso genuino de Griffin Dunne por hacer rescatable la adaptación de un libro de los que levemente se enjuician y concordarla entre Manhattan y el barrio de Astoria neoyorquino, entre dos polos opuestos en barrios de la misma ciudad con el radio de lazo. Y revertir algo de la vieja comedia romántica, con diálogos y situaciones, y triángulos donde es adivinable el lado débil y quién perderá, así se guarde el campanazo hasta la misa.