5 de julio de 2009 Mike Leigh y Poppy -Sally Hawkins muestran en filme cómo vivir optimista.
por Leopoldo Villarello Cervantes.
Quisiera evitar comentar del título en español reinventado para “Happy Go Lucky” (2008, escrita y dirigida por Mike Leigh), “La dulce vida”, mas ha sido inevitable escuchar a gente que de inmediato invoca el filme de Federico Fellini. Tal vez era algo de la intencionalidad de los distribuidores para atraer espectadores, al cabo también son propietarios de los derechos en video de esa obra que terminó de encumbrar a Marcello Mastroianni.
Dejemos eso de lado, hablemos que entre el chorro de mega producciones que proliferan estos días en cartelera, brilla el estreno de “Happy Go Lucky”. Mike Leigh (“Vera Drake”, “Secretos y mentiras”, “Todo o nada”) toma una protagonista optimista a rabiar. Poppy -Sally Hawkins en una caracterización más que ensalzable y alborozada por la cual obtuvo la Palma de Oro en Cannes en 2008, una actuación a la cual se le asociará el resto de su carrera-, es una mujer ingresada en los treinta a quien la sonrisa raramente le evade. Su presentación es esmerada, como volando por las calles en su bicicleta, respirando el aire y abriendo los brazos al mundo.
Leigh vuelve con su observación acre nada exenta de humor hacia la situación de las clases medias bajas trabajadoras inglesas. Poppy es el recurso para su análisis. Una profesora de jardín de niños o inicios de primaria quien aspira ofrecer bienestar, buena onda, a cualesquiera se cruce en su camino. En vez de acongojarse por el robo de su bicicleta, ve la opción de sacar su licencia de conducir. Su relación con el instructor (Eddie Marsan) es una de las estratagemas de Mike Leigh para ponderar a Poppy con sus semejantes: lo irrita por su vestuario, por calzar botas de tacón alto, por tomarse sin gravedad los reclamos, las indicaciones; por su bullicio.
Él es su opuesto, porque Mike Leigh al involucrarnos con Poppy también muestra “traumas y desesperación”, racismo y hostilidad en el bando contrario. Una clase de flamenco es otro botón, donde los zapatazos son la descarga para soltar enojos y furia, y las frustraciones guardadas por la maestra dan el colofón, al desgranar de improviso su tragedia.
Pero igual Poppy se arrellana, animada, a disponer objetos y enseres para sus clases, y les transmite a sus alumnos sus emociones, sus buenas vibras. Lleva a cabo sus acciones con espontaneidad; la chispa le salta, siempre en plan positivo. Hay poco espacio para malgastar sus minutos en ahogos, sin faltar esos sentimientos en su entorno y su cuerpo; su humanismo es persistente y pleno, un ejemplo intenso y enternecedor viene en la conversación con un vagabundo.
Poppy-Hawkins colma la pantalla con su irreprimible exultación. Mike Leigh nos recuerda con ella que el mundo y la confraternidad irían mejor con el contacto de varios como ella, si bastante gente mirara su entorno en ese plan, sin amarguras e insensateces.
El vestuario de Poppy pinta su filosofía, floreada, colorida; en una secuencia usa un collar que semeja un arco iris; su ropa interior va acorde, brassier color de rosa, medias en onda psicodélica. Y se presta tiempo para un amable romance, o para una visita familiar en que pende la situación económica, cierta severidad.
Mike Leigh describe un trozo de la vida de Poppy, de la realidad, con certezas y tristezas. Impera el poner buena cara ante la adversidad. Brincar los conflictos cual si fueran charcos. Las anécdotas empalman con su ración líricas y duras. “Happy Go Lucky” es una visita del “Cándido” de Voltaire a la Inglaterra del abrir el siglo XXI. Un filme ligero en apariencia y de / con buenos sentimientos, “brioso”, compuesto en disposición de la capacidad de Poppy, en su fisonomía exterior e interior.
“Happy Go Lucky” formó parte del 29 Foro de la Cineteca Nacional y ya está en exhibición comercial.