34 Foro Internacional de la Cineteca
12 de julio de 2009
Raúl de Anda y su charro negro.
por Leopoldo Villarello Cervantes.
Imprimir Enviar por e-mail

“El charro negro en el norte” (1949) es una de varias continuaciones de la saga que le diera fama y dinero a Raúl De Anda, quien lo encarnó, además de dirigir y producir las películas. El original “El charro negro” fue realizado en 1940 y ante el éxito De Anda hizo una inmediata segunda parte, “La vuelta del charro negro” (1941).

En “El charro negro en el norte” encontramos la facilidad con que esos productores armaban un vacuo argumento para distraer – menos de ochenta minutos- a un público que se contentaba con estas rusticidades. Con una producción barata, casi todo filmado en exteriores, que bien podrían haber sido por rumbo del Ajusco, de atrás de la Villa o alguna zona en las afueras del entonces no tan inmenso Distrito Federal.

Abre con una canción, compuesta por Cuco Sánchez, que interpreta Luis (Dagoberto Rodríguez –un actor poco conocido por sus dotes vocales-). Está en una cantina, parecida a bastantes del cine mexicano de entonces, con la novedad que el cantinero no es el gordo que acostumbraban poner detrás de la barra la mayoría de veces.

Los maleantes están ahí. Lanzan frases de enojo al creído de Luis. Un señor se acerca a la barra. Sin más le dice al cantinero que por fin, encontró oro en su mina, en su felicidad decide invitarle una copa a todos los ahí presentes.

El jefe de los villanos incita a su secuaz a robar el título de propiedad de la mina. Con la excusa que no acepta invitaciones de extraños va e incita la riña. Los buenos, comandados por Luis, apoyado por el Chicote y el niño Antonio (Raúl De Anda, Jr.), que pega con la guitarra, defienden al de la mina.

En la siguiente escena, de este lado de una puerta escuchamos el regaño del patrón a su hermano Luis. Al salir, nos enteramos, si no lo hubiéramos descubierto por el vozarrón, que el patrón es Don Roberto (Raúl De Anda), a quien Agustín Isunza le comenta de cuando era el Charro Negro, supuestamente ya retirado.

El resto de la película será el intento de los malosos por arrebatarle el título de la mina al dueño y las casualidades que ponen a Luis o al Charro cerca de ellos para salvarlos. Primero lo sitian, a él y sus dos hijos (De Anda, Jr, y Carmen González –antes que se volviera Carmelita-) en su casa.

Los hijos escapan en una carreta (guayín, dicen) para pedir ayuda, pues la cabaña está lejos del pueblo (indispensable para persecuciones y que no haya gente). Dos malos van tras ellos; cuando están a punto de pescarlos, resulta que andan por ahí Luis y Chicote, pero un disparo hace que los caballos se descarríen.

Al uso notorio y falso de “back projection” para mostrar el susto de la muchacha, viene la aparición de Don Roberto quien con un lazo la agarra justo cuando la carreta cae a un precipicio, en una escena que causaría alguna risa al ver al muñeco en faldas que cuelga.

Los villanos no cejarán en su empeño, obligando al Charro Negro a reaparecer – con un pañuelote para taparse media cara, que nos hace interrogar cómo es que la gente no se daba cuenta de su disfraz-. Una secuencia es ocurrente cuando él sólo contiene a 7 u 8 contrarios. O al pescar los malosos a Luis, Chicote y los hermanos; se llevan a éstos, amarran a los hombres; encienden fuego a la cabaña (con unas gotas de alcohol de una botella casi vacía). Claro que Chicote y Luis despiertan a tiempo, hacen malabares para ponerse en pie, se embuten en unos barriles y atraviesan rodando el fuego de a mentis y las paredes.

En otra escena, el jefe villano para obligar a la muchacha que firme los documentos, la golpea, pero alpercatarse que sufre más cuando le pegan al hermanito, lo cuelgan; él aguanta que le estiren los brazos –en una falsa actuación-; acaso ya sabía que los buenos embestirían en el preciso instante en que ella cedía y empuñaba la pluma.

El acecho final es un ejemplo más de lo que sólo sucede en películas –mexicanas-. Con una pistola, Luis soporta los embates de sus enemigos; estos mandan por refuerzos, mientras el valiente niño corre – y no le atinan ni un balazo- a pedir ayuda al pueblo (pero nunca aparece un alguacil o policía). A medio camino se topa con Don Roberto/Charro que por magia aparece en el momento que se le requiere, y llega para darle balas a Luis (por eso trae dos cartucheras extra).



El niño alcanza la casa, donde se da una escena de humor blanco, y tras hacerse bolas para hablar, Isunza y cuates se trepan a sus monturas. En una salida simple, otra vez cuando le quedan sólo dos balas a Luis –y los villanos con todo y refuerzos siguen sin darle al blanco ni agotarlos-, el equipo hace su arribo.

Vendrá la secuencia de salida, amable, para que los espectadores de hace sesenta años –con suerte parientes nuestros- abandonaran aquellas salas cinematográficas populares. A comerse un churro, luego de haber visto uno.

Lo menos malo es que el público descansaría: hasta la década del 1960 Raúl De Anda reincidiría con su adalid rural. Para entonces, su junior ya habría crecido para tomar los bártulos y los ropajes negros. No duraría mucho.

Opina sobre este texto en: redaccionfilmeweb@gmail.com



En nuestras manos
EDITORIAL
La cruda post mundialista

En nuestras manos

LAS COLUMNAS
Placeres culpables: Llega a México la Productora Theatre Properties, con una forma diferente de hacer Teatro Musical
por Fabián de la Cruz Polanco
De Música y TV: Lucero se va de Televisa
por Rocío Maldonado
Breve Espacio: Las Carmelas más famosas de nuestro Séptimo Arte
por Mario de la Reguera
Espejo Retrovisor: Lecciones de corrupción y justicia en “El mudo”
por Leopoldo Villarello Cervantes
Butaca Teatral: La problemática de violencia, llevada al teatro por Josué Almanza
por Alejandro Laborie Elías
Columnista Invitada: Una sirena que disfruta la comedia en cine es Paola Espinosa
por Carmen Sánchez Dávila

Cinépolis

SONDEO
¿Cuál de estos dos canales tiene mejor programación?
Canal 5
Azteca 7
Ninguno
LO MEJOR DEL CINE HASTA TU PANTALLA

Contacto | Publicidad | Directorio

© FILMEWEB.net | ® FILMEWEB Todos los Derechos Reservados