31 de octubre de 2007 La ortodoxia y el humor están presentes en “Morirse está en hebreo”.
por Perla Schwartz.
Un retrato de la tradición judía del velorio se hace presente en la hilarante comedia “Morirse está en hebreo”, dirigida por Alejandro Springall (“Santitos”), que es el relato de todos los incidentes que suceden durante la llamada “Shiva” donde se guarda culto al recién fallecido y se reza por la bienaventuranza de su alma.
El lema de promoción de la cinta es por demás elocuente en sí mismo, “Lo peor de morirse es reunir a la familia”. Y esto queda constatado a través de un equilibrio entre las costumbres ortodoxas y el buen humor.
El hilo conductor de la película son dos viejos sabios religiosos Aleph y Beth (Max Kerlow y Martín Lasalle), quien a lo largo de siete días están de testigos de lo que sucede, y van haciendo sus anotaciones y nunca alcanzarán a definir si el alma de Moishé el finado, irá al cielo acompañado por los ángeles buenos o por los ángeles malos, ellos buscan hacer un balance, pero no emiten en ningún momento juicios de valor moral.
Esta película coral, donde todos los personajes adquieren un peso dramático, aun aquellos que tan sólo tienen una breve aparición en la pantalla, está filmada en su mayor parte en un lujoso apartamento de Polanco y la sensibilidad de la fotógrafa Celiana Cárdenas sabe imprimirle el toque de intimidad necesario.
Durante la “Shiva” las mujeres mayores estarán chismeando entre sí, la hija (Raquel Pankowsky), muy instalada en su rol de “Martita a según” odiará con “odio jarocho” a quien fuera la amante de su padre, la señora Palafox (Blanca Guerra), el sobrino religioso (Emilio Savanni) tendrá escarceos amorosos con su prima (Sharon Zundel), además de que será apresado por haber traficado con drogas en su pasado no tan remoto.
Asimismo será presente la ex nuera hippie (Paloma Woolrich) enfatizándose el tono de ironía que Springall maneja en su puesta en escena. Y por si fuera poco se contratará a un guarura (Gustavo Sánchez Parra) para prevenir aquello de los secuestros y el Jevreman (Leny Zundel) buscará mantener durante el rito, un equilibrio ortodoxo, y cuando puede tratará de lucrar con la comida kosher.
En “Morirse está en hebreo” se le quita la solemnidad a un rito religioso, sin faltar el respeto, pero eso sí imprimiéndole visos humorísticos a la cotidianeidad, en una cinta un tanto barroca y abigarrada, donde el director siempre muestra simpatía con sus personajes, la mayoría de ellos realmente patéticos.
Como por ejemplo uno de los amigos del finado (Abraham Stavans), quien se desespera cuando no lo escuchan. Es asimismo la irrupción de una emoción genuina en el espacio de una familia y sus amistades más cercanas.
Se muestran diversos temas como el dolor, las carencias emocionales, en el momento en que se suscita la muerte de alguien muy querido. Cabe destacar la música de la autoría de Jacobo Lieberman, quien fusiona la música religiosa judía con algunos toques de partituras mexicanas.
En suma, “Morirse está en hebreo” es una comedia bien hecha, que no se queda en la superficie, debido a que invita a una seria reflexión en torno a las contradicciones que conforman al ser humano.
“Morirse está en hebreo”. México, 2006. Director: Alejandro Springall. Guión de Jorge Goldenberg en base a un cuento de Ilán Stavans. Fotografía : Celiana Valdés. Música : Jacobo Lieberman. Intérpretes: Sergio Klainer, David Ostrosky, Raquel Pankowsky, Paloma Woolrich, Blanca Guerra, Leny Zundel, Sharon Zundel, Martha Roth, Abraham Stavans, Emilio Savanni.